PRIMERA ETAPA: 1898-1930
El mariachi agrupado por Gaspar Vargas López (Foto 02) en 1898 es heredero de la tradición musical de su tío materno (Plácido Rebolledo, quien ya tenía un mariachi en Tecalitlán en 1840) y de su padre (Amado Vargas [1846-¿?], quien se inició como mariachero alrededor de 1865).

A los 18 años de edad, Gaspar (siendo campesino y analfabeta) organiza su propio mariachi, y así, el Mariachi Vargas empezó como un conjunto local y pueblerino de músicos de tiempo parcial. Su residencia es Tecalitlán y sus integrantes son originarios de la región del sur de Jalisco.
Eran solamente 4 elementos (dos violines, guitarra quinta de golpe y arpa) y su repertorio (sones, jarabes, valonas, cancio¬nes, corridos, valses y polkas), formaba parte de la tradición campesina de la región. Un conjunto con esta alineación es lo que hoy se conoce como “Mariachi Tradicional”, en una de sus tantas variantes.

El cuarteto tenía ya tiempo ensayando, pero (según la tradición oral) para que un grupo musical tuviera algún acceso a tocar en las fiestas de entonces, o lo tomaran en cuenta, supuestamente necesitaba de el “visto bueno” de las autoridades locales, de tal manera que se maneja como fecha oficial de la fundación del Mariachi Vargas el 15 de septiembre de 1898, que fue cuando el presidente municipal de Tecalitlán, “Trinidad de la Mora”, otorgó la aprobación oficial al contratarlos para tocar en la celebración local de las Fiestas Patrias. Los músicos fundadores del mariachi de Gaspar Vargas (hoy: “Mariachi Vargas de Tecalitlán”) fueron: Gaspar Vargas, Manuel Mendoza, Lino Quintero y Refugio Hernández Vargas.
La agrupación, tiene mucha sonoridad pero sus músicos se vestían pobremente. No sabían nada de técnica musical, ni se daban cuenta de la admiración que producían los sones que ejecutaban. Su vida la pasaban tocando en fiestas y verbenas de los pueblos. Era música lírica, alegre, festiva y original. Siempre que tocaban estaban rodeados por multitudes que los escuchaban con mucho entusiasmo.
El mariachi pasaba el tiempo en llevar serenatas, tocando en las plazas y yendo a tocar a las ferias locales de los pueblos vecinos (cuando muy lejos, a Colima). Ese era el vía crucis de los músicos de mariachi de ese entonces, porque las bandas y la orquesta eran consideradas como lo mejor, y el mariachi era considerado despreciativamente como música para el pueblo. Muchos de los mariachis que se organizaban desaparecían pronto por la ausencia de estímulos y los maltratos que recibían, pues sufrían el menosprecio de las clases acomodadas.
Pronto la fama del Mariachi de Gaspar Vargas corrió por todos los alrededores. Primero en las poblaciones vecinas a Tecalitlán, después por todo el estado de Jalisco y de Colima. De vez en cuando había duelos musicales en los que, un rico hacendado y otro de igual categoría apostaban por la supremacía musical de dos mariachis, y el grupo que perdía tenía que desaparecer del lugar por una larga temporada, el ganador se ponía de moda y recibía invitaciones a todas las fiestas. El Mariachi Vargas ganó en 1905 un duelo en Pihuamo Jalisco, contra el mariachi de Los Trillos.
En ese entonces, los estilos de mariachi se diferenciaban por regiones, y había una fuerte controversia sobre el estilo de Tecalitlán y el de Cocula. El mejor mariachi de Tecalitlán era el de Gaspar Vargas. Ellos tocaban de todo, sin faltar, aquellos sones que tocaban magistralmente. El estilo de tocar de Gaspar Vargas trascendió fuera de la comarca y, además, el arpa, tocada por Manuel Mendoza causó admiración de todo el pueblo, no tenía rival.

Silvestre Vargas contaba que, su papá (Gaspar Vargas) ayudaba a cuanto ser viviente veía en necesidad, y en 1913 incorpora como músico eventual a un hombre que era diestro con el cornetín (parecido a la trompeta) que, como era músico del estilo de banda, tocaba muy fuerte, “tapaba” el sonido de los demás instrumentos y no fue muy bien aceptado por el público.
Silvestre Vargas (Hijo de Gaspar) le decía a su papá: “Enséñeme, Greñas (ése era el apodo de Gaspar), cómpreme un violín, que de gañanes no vamos lograr nada”. En 1914 Silvestre ensayaba las canciones mexicanas más en boga en su primer violín, un violín "de carrizo", y después lograron comprar un violín reglamentario. Por fin, en 1921, Silvestre Vargas Vázquez (1901-1985) se integra como violinista al mariachi de su padre, quien todavía era músico de tiempo parcial, ya que su ocupación principal era la de campesino.

La versión musical y literaria de la primera etapa del Mariachi Vargas era tan sólo una adecuación de la tradición regional del mariachi "del sur de Jalisco", no sabían notas ni técnica musical. Silvestre Vargas comentaba: “nuestra vida era tranquila y feliz, dedicados a alegrar las fiestas de la comarca. Para entonces nuestra fama ya cundía por todo el estado. ‘Nadie como los de Tecalitlán’, decían los entendidos cuando se hablaba de mariachis”.